Extraña Mutación

Querid@s lectores y otr@s,

Hoy desperté con una extraña sensación,  el alien que habita en las películas de Ridley Scott había poseído mi cuerpo. Jamás dejé que ente alguno poseyera lo que es mío. Pensaba que aún permanecía atrapada en el estado de vigilia.  Hinchada, redonda y alargada percibí un olor que me pareció avinagrado aunque no desagradable. Me levanté, fui rodando al baño y al mirarme en el espejo descubrí la cruda realidad. Ese cuerpo mío, blanco y delgado  había mutado en una berenjena, con su rabito en la coronilla y su color violáceo. – Dios!! no podía haberse transformado en una fruta?… pensé.

Emití un alarido propio de las películas de Hitchcok que escucharon en cien kilómetros a la redonda. – No puede ser, no puede ser.-  Sí lo era y no tenía más remedio que aceptarlo. Vivir con ello sería difícil, todos querrían cocinarme con cientos de recetas,  incluso yo, de natural superviviente,  estuve tentada de mordisquearme la barriga.

Fue entonces cuando miré por la ventana. Allí estaba él, subido en una escalera, atractivo, espigado, amarillo con numerosas pecas que me resultaban tan atractivas. Percibí un calor intenso que alcanzó la coronilla y pensé – Dios mío!! me he enamorado de un plátano canario, nooooooo –  Sí, la cruda realidad volvía a imponerse.

Desconocía como conquistar a un plátano, qué hacía, movía mi barriga como en la danza de los siete velos? Por fortuna para mí, comenzó el cortejo y así me dijo:

– Eres una berenjena nacida en Almagro, te están aliñando,  soy tu más rendido admirador.

No lo podía creer, se había fijado en mi, en una hortaliza de cuerpo regordete que aún no sabía ni como moverse.

– Lo siento, amigo, he de ir a trabajar.

– Esperaré con ansia tu regreso clavado en esta escalera, contando los minutos que nos separan de las cuatro.

– Puedes esperar sentado (que aunque berenjena no pierdo mi dignidad con tanta celeridad)

Le dejé aferrado a su peldaño, cubrí mi nueva identidad con un vestido apretado y me fui rodando a trabajar, que las cosas están muy mal y una no puede faltar.

Berenjena

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