La estatua de piedra

Una tarde fría de invierno cuando la luna asomaba más allá de las estrellas, decidí ir en su busca. Sentado frente al ordenador, acostumbrado a la soledad del internauta, apareció tímida en la pantalla. Se acomodó en la red ante la mirada del contable, ama de casa o ministro con su impenitente desnudez y su voz ahogada como en un sueño difuso.
Ahora vivo con una estatua que no dice nada, rindo culto a una diosa de piedra condenada a soportar mi soledad en el insólito escenario de mi habitación.

 
afrodita

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