Insomnio

Me pregunto cómo es posible que el álamo en otro tiempo rebosante, pudo perder su encanto estival. A veces escucho su lamento, tímido coincidiendo con el inicio del otoño, brutal las noches en que ni siquiera la luna se atreve a salir. El sol ha exprimido la tierra y la tierra árida ha secado el árbol. Desde mi habitación puedo ver sus ramas balanceándose a uno y otro lado y pienso: qué bucólico el viento! – Si yo fuera álamo me enfadaría con el viento.- La luz de la farola ilumina la habitación y aunque es de noche puedo ver mi cuerpo en posición fetal frente a la ventana. El álamo aferrado a la tierra que le vio nacer se pregunta el por qué de tanto sufrimiento. Aguda,  su voz se clava en mi cabeza como una obsesión. Una y otra vez escucho sus palabras: – Yo te condeno a permanecer despierta toda tu vida.- Una mañana agotada por el insomnio decidí no levantarme más, por eso me encuentro aquí de día o de noche, mirando por la ventana. Mi marido ya no duerme a mi lado, se acuesta en la misma habitación pero no duerme conmigo. Oigo su respiración agitada, sus ronquidos que aunque discretos se mezclan con mis pensamientos. Su sueño es el mío, vivo el sueño de otra persona como si fuera mío. Vigilo, siempre le vigilo, para que no despierte, para empaparme de él, para disfrutar con su descanso.

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