Los fantasmas no tienen culo

Postrado en la cama de aquel hospital inmundo, más muerto que vivo contemplé encaramado a la pared al que creí que era mi abuelo, la misma hechura, barba rala y ojos saltones que me observaban impávidos. – Qué hace aquí abuelo? – He venido a acompañarte en tus últimas horas – Bájese de la pared, no sea tan educado y siéntese a mi lado. – No puedo Miguel, los fantasmas carecemos de culo. Y allí se quedó colgado del perchero mirándome y esperando que la parca aconteciese.

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